LA GEOMETRÍA DEL EQUILIBRIO
Hay ciudades que se miden en cifras: habitantes, infraestructuras, actividad económica, oferta cultural. Ciudades que laten deprisa, que se expanden hacia arriba y hacia los lados, que no duermen. Nodos donde confluyen miles de vidas y donde cada día parece multiplicarse por cien. A lo largo de mi vida he habitado varias de ellas. Y digo habitado porque no fui turista, sino parte del engranaje. Unas semanas en París, cuatro años en Pamplona, un año en Dublín, unos meses en Madrid, otro año en Barcelona. Cada ciudad me ofreció algo distinto: entusiasmo, aprendizaje, contradicción, vértigo. Todas, sin excepción, dejaron una huella silenciosa que hoy forma parte de quien soy. Y, sin embargo, si escucho con honestidad mi propia voz, sé que mi respiración se aquieta lejos del asfalto. Mis periodos más largos han transcurrido entre montañas pirenaicas y paisajes nórdicos, en entornos donde el horizonte no lo marcan los edificios sino las cumbres y los bosques. Es allí donde siento que...