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TERNURA EN EL ARTE

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  Hay historias que no solo se ven: se sienten. Se quedan adheridas a la piel durante días y, casi sin pedir permiso, abren puertas que creíamos cerradas. Las dos últimas películas que he visto en el cine me han impactado por varias razones. Ambas construyen su trama a partir de la evolución emocional de sus personajes. Las dos están rodadas con gran calidad; sus protagonistas ofrecen interpretaciones sublimes y la dirección es impecable. Pero si hay algo que realmente me ha marcado ha sido la ternura con la que están contadas. La primera fue Sentimental Value , dirigida por Joachim Trier. Renate Reinsve interpreta a una hija que arrastra un trauma desde la infancia, y lo hace con una verdad desarmante. El arco de transformación de su personaje es tan cotidiano y universal que resulta imposible no verse reflejada en algún rincón de su herida. En mi caso, despertó viejos fantasmas que aún no están del todo resueltos y, como no podía ser de otra manera, salí del cine profundame...

ANTES, HOY, SIEMPRE

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                           Antes, la presencia el disfrute de los placeres de la vida,          los nuevos sabores y texturas,  el compartir la sabiduría y alegría.            Hoy, la ausencia de caricias, besos de sonrisas y abrazos.  Una silla vacía que no habla, no bromea,  Una mente hueca que no piensa ni planea.              Siempre, la figura  por su paso terrenal con ritmo singular afortunado en el amor y en lo social, Naturaleza que no perece, energía que fluye y nos embellece.

LAS NOCHES QUE AÚN ME ABRAZAN

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  Hay un dicho que reza: “Quien con niños se acuesta, meado se levanta”. Nunca me gustó. Nunca encajó conmigo. Cuando mis hijos eran pequeños, dormíamos juntos muchas noches. Me encantaba sentir cómo, uno a uno, se iban deslizando en silencio hasta mi cama, y yo les abría espacio, como quien abre el corazón. Dormía poco, lo admito—las posturas eran imposibles, el sueño liviano— pero el alma, ay, el alma dormía envuelta en plenitud. La maternidad no cabe en palabras. Hay algo más allá del amor, más vasto, más hondo: una entrega sin medida, una renuncia dulce que no se siente pérdida. Durante la infancia, durante la adolescencia, una se disuelve y se vuelve tierra fértil, cauce, refugio, brújula. Y mientras los guías en su búsqueda, son ellos quienes te enseñan a andar con los pies más desnudos y el corazón más despierto. Fueron años intensos, desbordantes. Tiempos de carreras y canciones, de mochilas y disfraces, de lecturas compartidas, ...