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LA LLAMADA

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  ENSA   Un lugar recóndito en el Himalaya I LA LLAMADA Como cada domingo, cuando el cielo se teñía de tonos anaranjados y la temperatura se desplomaba de forma dramática, Nesi se sentaba en su amplio escritorio para planificar la ajetreada semana que le esperaba expectante como un atleta en la línea de salida. A esas horas tenía el apartamento completamente para ella sola. Sus hijos solían aprovechar cada minuto del fin de semana y los domingos por la tarde salían al cine o a cenar con sus respectivas parejas. Esto le permitía, a veces, poner un poco de música para acompañar este momento y hacerlo más entretenido. Le gustaba prepararse un vaso de leche caliente con miel y, mientras completaba el cuadrante con sus asuntos pendientes, daba pequeños sorbos de esa pócima mágica que le estimulaba la creatividad. Además de organizar sus tareas laborales como profesora de instituto, a Nesi le gustaba escribir sus propias reflexiones sobre las experiencias vividas. Las tardes...

APRETAR UNA TECLA: PUBLICAR

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  Llevo unos cuantos días haciéndome esta pregunta: ¿por qué  y para qué escribir ? Y cuando una pregunta me resuena en la cabeza, tengo que encontrar una respuesta. La verdad es que existe una necesidad imperiosa en mi interior de verbalizar emociones, recuerdos, experiencias, ilusiones y/o sueños. Frecuentemente, voy anotando en libretas diversas pequeñas pinceladas que surgen de forma inesperada. Algunas veces, apenas son dos o tres oraciones que se precipitan como una cascada por una ladera montañosa. Pero, en otras ocasiones me detengo a buscar las palabras adecuadas para describir todo aquello que me golpea fuerte en el corazón. Desconozco el origen de esta necesidad. Lo cierto es que hasta que las palabras no salen de mi mente, a través de mi puño, y las leo reflejadas en el papel, no me quedo tranquila. Entonces, ¿significa esto que escribir me ayuda a encontrar esa paz mental tan anhelada? Puede que así sea. Sin embargo, si exclusivamente fuese esa la razón, ¿po...

HAY VIAJES QUE NUNCA TERMINAN

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  Hay viajes que nunca terminan En 1996, gracias a un trekking del Club Pirineísta Mayencos por tierras africanas,  mi vida dio un giro de 180 grados. Sin saberlo, allí comenzó  la aventura más importante de mi vida. De aquel viaje nacieron muchos otros, aunque ninguno fue tan importante como el que comenzó al regresar a casa. Montañas compartidas, una familia, sueños realizados, nuevos proyectos, una expedición al Everest, un cambio de país para construir una nueva vida en latitudes nórdicas... Y también la certeza de que algunos senderos siguen caminándose mucho después de haber llegado al destino. Treinta años después, mi querido Mayencos lo ha vuelto a hacer. Esta vez el escenario ha sido el Himalaya de la India. El valle de Ladakh ha afianzado mi pasión por la montaña, compartiendo senderos con personas extraordinarias y, sobre todo, junto a mi trío favorito, el regalo más hermoso de aquella primera aventura africana. Sin embargo, el Himalaya nos ha ofreci...

LA SEMILLA Y EL VUELO

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  La semilla y el vuelo Hay un momento en la educación en el que una comprende que su labor consiste, sobre todo, en sembrar. Sembrar confianza, curiosidad, afecto y conocimiento. Después llega el vuelo. El de quienes continúan su camino llevando consigo mucho más de lo que reflejan unas calificaciones. Los días de junio están cargados de emociones. Por un lado, me siento profundamente satisfecha cuando termina el curso y constato cómo los alumnos que finalizan la educación secundaria, y con los que he compartido infinidad de experiencias durante tantos años, culminan una etapa de sus vidas preparados para comenzar la siguiente. Sin embargo, al mismo tiempo, me invade una tristeza inesperada al caer en la cuenta de que ya no los volveré a ver el próximo curso, aunque sea plenamente consciente de que así es como debe ser. Y es que, en ocasiones, como profesora siento que formo parte de un pequeño pedazo de sus vidas. O quizá sea al revés y sean ellos quienes forman parte de la...

REHACERSE

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  Se ha escrito mucho sobre la capacidad del ser humano para levantarse y rehacerse después de una derrota o un fracaso. La literatura clásica está llena de ejemplos: Eneas, en la Eneida de Virgilio, o Ulises, en la Odisea de Homero, nos muestran cómo, tras perderlo todo, perseveran en sus objetivos y, después de atravesar profundas pérdidas, encuentran una nueva forma de entender la vida. Cuando era niña estaba convencida de que el amor verdadero era algo utópico, etéreo e inalcanzable, reservado solo para unos pocos afortunados. Miraba a mi alrededor y lo único que veía eran normas, apariencias y silencios heredados. Mucha corrección. Mucho miedo. Demasiadas emociones escondidas debajo de la alfombra. Aun así, me propuse encontrarlo. Lo busqué primero en la familia, pero allí el amor parecía confundirse con el deber, con mantener el orden, con hacer siempre lo correcto. Lo material ocupaba demasiado espacio y lo emocional apenas encontraba aire para respirar. Seguí busc...

TRANDANSEN

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  TRANDANSEN El baile de las grullas Los sonidos del violín y del acordeón cesaron y Nesi aprovechó para hacer un receso. Había estado bailando toda la tarde y sentía que sus pies necesitaban un descanso. Sentada, observando al resto de componentes del grupo folclórico nórdico, sonrió, serena y reconfortada. A Nesi siempre le habían gustado las danzas tradicionales. Había algo en esos bailes compartidos, dispuestos en círculos, con pasos entrelazados y coreografías alegres. En su niñez y adolescencia había aprendido a bailar jotas y danzas de su tierra, en el Pirineo aragonés, y las imágenes de aquellos tiempos acudían a ella con una calidez intacta. Por eso, ahora que había emprendido una nueva aventura en una ciudad nórdica, después de su etapa en el mundo rural, esta actividad le conectaba, de algún modo, con su propia esencia. Le sorprendía la similitud entre danzas de dos extremos de un mismo continente que parecían vivir de espaldas. Las diferencias entre Suecia y Es...

LA VENTANA ABIERTA

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  Silencio absoluto. Ni una risa alegre de los alumnos, ni el roce de las sillas contra el suelo, ni una conversación a media voz entre dos compañeras de pupitre. Nada. No se oía siquiera el leve pasar de una página. Todos esos sonidos formaban parte del día a día de Nesi. Los tenía tan interiorizados que, cuando la jornada escolar terminaba y el aula quedaba vacía, los echaba de menos. Allí estaba ella, sentada en su mesa, corrigiendo los últimos ejercicios de la clase de sexto. Le gustaba dejarles siempre un comentario, algo que les ayudara a darse cuenta de lo que habían aprendido. Desde hacía años, quedarse una hora más en el aula formaba parte de su rutina. Repasaba mentalmente el día. Agradecía los momentos compartidos, las conversaciones breves, las miradas. Enseñar su asignatura era importante, pero no era lo esencial. Cada mañana entraban en clase adolescentes cargados de miedos, inseguridades, preguntas sin respuesta. Llegaban con ganas de ser vistos, de ser escuc...