TRANDANSEN
TRANDANSEN El baile de las grullas Los sonidos del violín y del acordeón cesaron y Nesi aprovechó para hacer un receso. Había estado bailando toda la tarde y sentía que sus pies necesitaban un descanso. Sentada, observando al resto de componentes del grupo folclórico nórdico, sonrió, serena y reconfortada. A Nesi siempre le habían gustado las danzas tradicionales. Había algo en esos bailes compartidos, dispuestos en círculos, con pasos entrelazados y coreografías alegres. En su niñez y adolescencia había aprendido a bailar jotas y danzas de su tierra, en el Pirineo aragonés, y las imágenes de aquellos tiempos acudían a ella con una calidez intacta. Por eso, ahora que había emprendido una nueva aventura en una ciudad nórdica, después de su etapa en el mundo rural, esta actividad le conectaba, de algún modo, con su propia esencia. Le sorprendía la similitud entre danzas de dos extremos de un mismo continente que parecían vivir de espaldas. Las diferencias entre Suecia y Es...