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ENSA: X-ENELDO

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  ENSA   Un lugar recóndito en el Himalaya Parte 2 SABORES X Eneldo El vapor se elevaba despacio sobre las tazas mientras las tres charlaban en una cafetería del centro de Gotemburgo. Afuera, la primavera empezaba a abrirse paso entre los últimos restos de nieve, y con ella llegaban también las grullas reales, de vuelta de su invierno en el sur de Europa — el mismo trayecto que estaban a punto de emprender las grullas jacetanas, la ruta que daba nombre al proyecto. Moa y Karin habían recibido la propuesta del reencuentro con la misma ilusión con la que Nesi la había imaginado, y desde entonces los planes no habían dejado de tomar forma. Para Nesi, aquello era solo el primer paso de un camino que había empezado a intuir apenas unas semanas atrás, ese mismo invierno recién terminado, cuando una guía de viaje, llegada sin previo aviso y sin remitente conocido, le devolvió de golpe el aroma de unas montañas que aún la acompañaban en sueños. Todavía no sabía quién se la había envia...

ENSA: XI-NUEZ MOSCADA

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ENSA   Un lugar recóndito en el Himalaya Parte 2 SABORES IX NUEZ MOSCADA El cajón de la cocina se resistía un poco al abrirse, como siempre. Nesi rebuscó entre cucharas de madera y manteles de tela hasta encontrar el bote de nuez moscada, casi vacío, con la etiqueta ya despegada por los años. Lo sostuvo un momento antes de dejarlo sobre la encimera y sentarse con el cuaderno de recetas entre las manos. Llevaba varios días releyéndolo. Había incluido la de los momos, que había cocinado ya unas cuantas veces desde su vuelta del Himalaya, y en cada ocasión salían un poco mejor. Bizcocho de yogur, empanada de atún, tomate y cebolla, paella, fideuá, canelones, lasaña, pastel de espinacas, huevos rotos con jamón, crema de pimientos, lomo al Wellington: algunos de los platos que llenaban las páginas del recetario, con los que había experimentado, al lado de Coque, a lo largo de la vida juntos. Todas y cada una de aquellas composiciones culinarias las tenía ligadas a un encuentro, una ce...

ENSA: VIII- JENJIBRE

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  ENSA   Un lugar recóndito en el Himalaya Parte 2 SABORES VIII Jengibre Por la noche la temperatura descendía dramáticamente en el campamento y nos teníamos que abrigar bastante. Yo me solía poner el plumas y un pantalón de forro polar, pero además, me equipaba con gorro y guantes. Intentaba compensar el gran contraste ambiental con los recursos que tenía a mi alcance. Luigi me aconsejó, incluso, que rellenara el termo con agua muy caliente y me lo introdujera dentro del plumas mientras estábamos cenando. Todo era de agradecer para alcanzar unos cuantos grados de más en el cuerpo. Parecía mentira que tan solo unas pocas horas antes, esa tarde, hubiéramos estado al sol en el río bañándonos. Aunque el agua estaba helada, las ganas de asearse y quitarse del cuerpo el sudor y el polvo de la ruta superaban cualquier temor a sentir el frío en nuestra piel. Las pocas mujeres que formábamos parte de la expedición habíamos encontrado un rincón idílico. Acompañadas de una acústica únic...

ENSA: VII- SAÚCO

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  ENSA   Un lugar recóndito en el Himalaya                                                                   PARTE 2 SABORES  VII- Saúco El sonido de la loza en la fregadera la despertó de la siesta. Confundida, miró el teléfono y se asombró de lo rápido que habían pasado los minutos. Se incorporó y salió de la habitación. —Hola, mamá —dijo Paul—. ¿Te he despertado? Perdona, no era mi intención. —Qué alegría verte, Paul —respondió Nesi—. Hacía días que no coincidíamos en casa. —Sí, es que tengo mucho trabajo en el restaurante y termino bastante tarde. Cuando llego a casa ya estás acostada, y por las mañanas sueles irte muy temprano al instituto. —Ya, es verdad. Pero cuéntame: ¿qué tal te va? ¿Te gusta tu nuevo trabajo de chef de cocina? —Ostras, es súper divertido, y a...

ENSA: VI- KANEL

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  ENSA   Un lugar recóndito en el Himalaya PARTE 2 SABORES  VI- Kanel La música de fondo se escuchaba por todos los rincones del apartamento. What if, de Calaisa, sonaba de forma tan envolvente que Nesi, desde la cocina, cantaba y  ya casi se la sabía entera. Mientras iba sacando de la nevera los ingredientes necesarios para hacer unos kanelbullar , movía los pies rítmicamente realizando pequeños pasos de baile combinados con los diferentes acordes. En un par de días tenía un nuevo encuentro del club de lectura y quería aportar algo sabroso para acompañar la fika y endulzar la tertulia. —No se me da muy bien la repostería —pensó—. Lo que me da más pereza es el momento de empezar. Pero una vez que me veo con las manos en la masa, me dejo llevar y el resultado no está tan mal. Nesi siguió cantando y entre suaves movimientos corporales comenzó a seguir la receta del cuaderno que tenía en la alacena y que había ido completando a lo largo de los años.  ...

ENSA: V-LA CIUDAD

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  ENSA   Un lugar recóndito en el Himalaya PARTE 1 LLAMADAS V-LA CIUDAD El día había amanecido blanco. Era una de esas mañanas tan esperadas en el invierno y por fin había sucedido. Cuando Nesi se levantó y corrió las cortinas de su dormitorio, el resplandor de la nieve le cegó unos instantes. Pensó en lo afortunada que era al contemplar ese manto inmaculado sobre el adoquinado. Los bancos y la fuente se hallaban vestidos como novias que esperaran en silencio una ceremonia que la ciudad, dormida, aún no sabía que iba a celebrar. Y sin embargo, bajo esa quietud helada, la plaza Selma Lagerlöf nunca dejaba de latir: a esa hora, unos pasos apresurados abrían surcos oscuros en la nieve, huellas marcadas en líneas paralelas como corcheas dispuestas en un pentagrama, como si el barrio entero fuera una partitura. Nesi conocía algunos de esos rostros: el hombre sirio que abría la konditori antes del amanecer, la familia hindú del segundo piso, las mujeres con hiyab que se saludaba...

ENSA: IV-EL IMPULSO

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  ENSA   Un lugar recóndito en el Himalaya PARTE 1 LLAMADAS IV-EL IMPULSO Nesi colgó el teléfono después de hablar con Tina, su hija menor. Seguía sentada delante de su escritorio lleno de papeles, el ordenador encendido, su cuadrante sin terminar y la taza de leche completamente fría. Desde la ventana, la plaza Selma Lagerlöf se veía completamente desierta y las ramas desnudas de los abedules que la rodeaban se mecían en su último vaivén del día. Tina le había llamado desde Granada, donde llevaba varios meses viviendo. Se alegró de que se hubiera acordado de ella y de que la hubiera traído al presente de nuevo. Pero sobre todo, le complacía conocer todas las experiencias que su hija estaba acumulando en esta nueva etapa. Se le oía contenta y satisfecha con el rumbo que había tomado su vida. Su trabajo actual como monitora de esquí en Sierra Nevada le estaba sentando de maravilla. Se manejaba como pez en el agua entr...