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ENSA: V-LA CIUDAD

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  ENSA   Un lugar recóndito en el Himalaya LLAMADAS La   llamada El regreso Aire fresco El impulso La ciudad V-LA CIUDAD El día había amanecido blanco. Era una de esas mañanas tan esperadas en el invierno y por fin había sucedido. Cuando Nesi se levantó y corrió las cortinas de su dormitorio, el resplandor de la nieve le cegó unos instantes. Pensó en lo afortunada que era al contemplar ese manto inmaculado sobre el adoquinado. Los bancos y la fuente se hallaban vestidos como novias que esperaran en silencio una ceremonia que la ciudad, dormida, aún no sabía que iba a celebrar. Y sin embargo, bajo esa quietud helada, la plaza Selma Lagerlöf nunca dejaba de latir: a esa hora, unos pasos apresurados abrían surcos oscuros en la nieve, huellas marcadas en líneas paralelas como corcheas dispuestas en un pentagrama, como si el barrio entero fuera una partitura. Nesi conocía algunos de esos rostros: el hombre sirio que abría la konditori antes del amanecer, la familia hin...

ENSA: IV-EL IMPULSO

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  ENSA   Un lugar recóndito en el Himalaya LLAMADAS La llamada El regreso Aire fresco El impulso La ciudad IV-EL IMPULSO Nesi colgó el teléfono después de hablar con Tina, su hija menor. Seguía sentada delante de su escritorio lleno de papeles, el ordenador encendido, su cuadrante sin terminar y la taza de leche completamente fría. Desde la ventana, la plaza Selma Lagerlöf se veía completamente desierta y las ramas desnudas de los abedules que la rodeaban se mecían en su último vaivén del día. Tina le había llamado desde Granada, donde llevaba varios meses viviendo. Se alegró de que se hubiera acordado de ella y de que la hubiera traído al presente de nuevo. Pero sobre todo, le complacía conocer todas las experiencias que su hija estaba acumulando en esta nueva etapa. Se le oía contenta y satisfecha con el rumbo que había tomado su vida. Su trabajo actual como monitora de esquí en Sierra Nevada le estaba sentando de ...

ENSA:III-AIRE FRESCO

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ENSA   Un lugar recóndito en el Himalaya PARTE 1: LLAMADAS I-La llamada II-El regreso III-Aire fresco IV-El impulso V-La ciudad III- AIRE FRESCO   Palden nos lo solía decir todos los días: «la mochila para la travesía diaria tiene que ser ligera». Yo lo sabía, pero justo cuando me disponía a preparar las cosas, todo se me antojaba necesario: un chubasquero, por si llovía; los guantes, el gorro y un forro, por si soplaba el viento y hacía frío al llegar al collado; una camiseta limpia, para cambiarme por si sudaba demasiado, dos cantimploras, una de ellas con filtro; las pastillas potabilizadoras del agua; el botiquín y la crema de protección solar, la gorra y las gafas de repuesto para el sol; la bolsa con el almuerzo, los bastones, las sandalias de agua, por si había que atravesar algún río; la cámara de fotos… «Ahhh, ¿qué quito y qué dejo? Lo necesito todo», me decía a mí misma. Todas las mañanas ...

ENSA: II-EL REGRESO

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  ENSA Un lugar recóndito en el Himalaya Capítulo 1: LA LLAMADA II EL REGRESO Nesi miró por la mirilla y, sorprendentemente, no vio a nadie. «¡Qué extraño! —pensó—. Juraría que habían llamado». Dudó unos instantes, pero finalmente abrió la puerta. El paquete, de un tamaño más bien pequeño, que descansaba en el suelo junto al ascensor, capturó su atención. El envoltorio, de color marrón, estaba muy deteriorado, como si hubiera pasado largas jornadas bajo la lluvia. Se acercó, lo recogió y buscó algún detalle que le diera una pista sobre el origen o el destinatario. Lo inspeccionó por delante y por detrás, de arriba abajo, y descubrió unas letras medio borradas, casi ilegibles. No se podía leer a quién iba dirigido, pero se intuía una dirección que, sin ninguna duda, coincidía con la suya. De repente, se fijó en los sellos de la esquina superior derecha y le dio un vuelco el corazón. Las imágenes eran inconfundibles: un monasterio budista, unas banderas de oración, unas majestuosas m...

ENSA: I-LA LLAMADA

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  ENSA   Un lugar recóndito en el Himalaya I LA LLAMADA Como cada domingo, cuando el cielo se teñía de tonos anaranjados y la temperatura se desplomaba de forma dramática, Nesi se sentaba en su amplio escritorio para planificar la ajetreada semana que le esperaba expectante como un atleta en la línea de salida. A esas horas tenía el apartamento completamente para ella sola. Sus hijos solían aprovechar cada minuto del fin de semana y los domingos por la tarde salían al cine o a cenar con sus respectivas parejas. Esto le permitía, a veces, poner un poco de música para acompañar este momento y hacerlo más entretenido. Le gustaba prepararse un vaso de leche caliente con miel y, mientras completaba el cuadrante con sus asuntos pendientes, daba pequeños sorbos de esa pócima mágica que le estimulaba la creatividad. Además de organizar sus tareas laborales como profesora de instituto, tenía la rutina de escribir sus propias reflexiones sobre experiencias vividas. Las tardes de d...

APRETAR UNA TECLA: PUBLICAR

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  Llevo unos cuantos días haciéndome esta pregunta: ¿por qué  y para qué escribir ? Y cuando una pregunta me resuena en la cabeza, tengo que encontrar una respuesta. La verdad es que existe una necesidad imperiosa en mi interior de verbalizar emociones, recuerdos, experiencias, ilusiones y/o sueños. Frecuentemente, voy anotando en libretas diversas pequeñas pinceladas que surgen de forma inesperada. Algunas veces, apenas son dos o tres oraciones que se precipitan como una cascada por una ladera montañosa. Pero, en otras ocasiones me detengo a buscar las palabras adecuadas para describir todo aquello que me golpea fuerte en el corazón. Desconozco el origen de esta necesidad. Lo cierto es que hasta que las palabras no salen de mi mente, a través de mi puño, y las leo reflejadas en el papel, no me quedo tranquila. Entonces, ¿significa esto que escribir me ayuda a encontrar esa paz mental tan anhelada? Puede que así sea. Sin embargo, si exclusivamente fuese esa la razón, ¿po...

HAY VIAJES QUE NUNCA TERMINAN

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  Hay viajes que nunca terminan En 1996, gracias a un trekking del Club Pirineísta Mayencos por tierras africanas,  mi vida dio un giro de 180 grados. Sin saberlo, allí comenzó  la aventura más importante de mi vida. De aquel viaje nacieron muchos otros, aunque ninguno fue tan importante como el que comenzó al regresar a casa. Montañas compartidas, una familia, sueños realizados, nuevos proyectos, una expedición al Everest, un cambio de país para construir una nueva vida en latitudes nórdicas... Y también la certeza de que algunos senderos siguen caminándose mucho después de haber llegado al destino. Treinta años después, mi querido Mayencos lo ha vuelto a hacer. Esta vez el escenario ha sido el Himalaya de la India. El valle de Ladakh ha afianzado mi pasión por la montaña, compartiendo senderos con personas extraordinarias y, sobre todo, junto a mi trío favorito, el regalo más hermoso de aquella primera aventura africana. Sin embargo, el Himalaya nos ha ofreci...