HAY VIAJES QUE NUNCA TERMINAN


 

Hay viajes que nunca terminan

En 1996, gracias a un trekking del Club Pirineísta Mayencos por tierras africanas,  mi vida dio un giro de 180 grados. Sin saberlo, allí comenzó  la aventura más importante de mi vida.

De aquel viaje nacieron muchos otros, aunque ninguno fue tan importante como el que comenzó al regresar a casa. Montañas compartidas, una familia, sueños realizados, nuevos proyectos, una expedición al Everest, un cambio de país para construir una nueva vida en latitudes nórdicas... Y también la certeza de que algunos senderos siguen caminándose mucho después de haber llegado al destino.

Treinta años después, mi querido Mayencos lo ha vuelto a hacer.

Esta vez el escenario ha sido el Himalaya de la India. El valle de Ladakh  ha afianzado mi pasión por la montaña, compartiendo senderos con personas extraordinarias y, sobre todo, junto a mi trío favorito, el regalo más hermoso de aquella primera aventura africana.

Sin embargo, el Himalaya nos ha ofrecido mucho más que cumbres y paisajes. Nos ha abierto una ventana a otra cultura, a otra forma de vivir y de entender el tiempo. Hemos compartido sonrisas con personas que apenas hablaban nuestro idioma, hemos conocido tradiciones diferentes y descubierto que la hospitalidad y la generosidad no necesitan traducción. Viajar también es dejar que el mundo ensanche nuestra mirada.

Pero había algo más que me llevaba hasta allí. Mi gran compañero de aventuras ya no podía caminar a nuestro lado, aunque una pequeña parte de él sí lo hizo. En un rincón aislado, junto al monasterio de Ensa, en el valle de Nubra, rodeado de montañas y envuelto en una paz difícil de describir, pudimos dejar unas pocas de sus cenizas. No fue una despedida. Fue un reencuentro. Con él, con la montaña y con aquella joven que, en 1996, jamás habría imaginado todo lo que un simple trekking estaba a punto de regalarle.

Mientras descendía por los senderos del Himalaya comprendí que, en realidad, nunca dejé atrás aquel primer viaje africano.

Porque hay viajes que no terminan cuando regresamos a casa. 

Hay viajes que se convierten en una forma de vivir.  

Comentarios

Entradas populares de este blog

Escribir para comprender y acompañar.

VIAJE AL SUR: Málaga

Migraciones del alma: aprendiendo de la naturaleza