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Escribir para comprender y acompañar.

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  A lo largo de la historia, miles de mujeres han tomado la palabra no para reclamar protagonismo, sino para dejar constancia. No eran escritoras profesionales, no tenían estudios literarios ni editoriales que las respaldaran. Eran madres, hijas, cuidadoras, trabajadoras. Y un día sintieron la necesidad de escribir. ¿Por qué lo hicieron? Tal vez porque descubrieron que la memoria, si no se pronuncia, se desvanece. Tal vez porque comprendieron que el dolor pesa menos cuando se nombra, y que la esperanza crece cuando se comparte. Escribir desde la experiencia personal no es un acto de vanidad, sino de supervivencia emocional. Es decirle al mundo: “Yo he pasado por ahí. Si tú también estás en ese camino, aquí tienes mis palabras como compañía.” Escribir no para destacar, sino para tender la mano. Con ese mismo espíritu nació mi primer libro, Senderos de Esperanza. Reflexiones de una montañesa en la travesía de los cuidados . Empecé a escribir un diario sin grandes pretensiones,...

EL PUENTE HACIA LO DESCONOCIDO

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  El puente hacia lo desconocido Los comienzos de cualquier proyecto son siempre ilusionantes, pero cuando surgen como fruto de decisiones importantes, la emoción se vuelve intensa y envolvente, mezclada con ese vértigo que nos hace latir el corazón más rápido. Hoy empiezo un nuevo periodo de transición en mi vida. Es un puente que me llevará a vivir y trabajar en otro lugar que, aunque familiar, seguro tiene rincones por descubrir y sorpresas por disfrutar. Al final de este puente me espera una nueva etapa luminosa, aunque también acompañada de cierta incertidumbre y miedo. Y está bien sentirlo. Aun así, elegir dirigirme hacia lo desconocido me da paz y me confirma que voy por el camino correcto. Sé que durante esta travesía voy a sentir muchas emociones profundas, y estoy lista para recibirlas, entenderlas y aprender de ellas. Por encima de todo está la nostalgia de dejar atrás un hogar que construimos con ilusión desde cero, a miles de kilómetros de nuestras raíces. Un r...

LA FORTALEZA DE LOS COLORES

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  Esta mañana, una buena amiga me ha sorprendido con un mensaje. En él venía una fotografía que, de inmediato, me ha transportado a los paisajes de mi infancia. La imagen es obra de @analoart , una creadora de contenido jacetana que tiene un don especial para detener el tiempo y atrapar en su objetivo la esencia de lo cotidiano. Al contemplarla, no solo he reconocido el lugar, sino que también he sentido un torrente de emociones. Los colores, intensos y vibrantes, parecían contarme una historia propia. Impulsada por ese instante de conexión, me han surgido estas palabras que comparto aquí:  La base, en un verde profundo de esperanza que me sostiene, se prolonga hacia los muros robustos del castillo, encendidos en un vibrante anaranjado, vitamina que me nutre y me resguarda. Custodiando base y muros, las montañas grises, cual ceniza ancestral, me conducen a mis raíces y me recuerdan quién soy. Todo queda envuelto por el azul celeste, surcado de nubes blancas, que me ...

ANTES, HOY, SIEMPRE

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                           Antes, la presencia el disfrute de los placeres de la vida,          los nuevos sabores y texturas,  el compartir la sabiduría y alegría.            Hoy, la ausencia de caricias, besos de sonrisas y abrazos.  Una silla vacía que no habla, no bromea,  Una mente hueca que no piensa ni planea.              Siempre, la figura  por su paso terrenal con ritmo singular afortunado en el amor y en lo social, Naturaleza que no perece, energía que fluye y nos embellece.

EL MUELLE Y EL REFLEJO

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  El muelle y el reflejo No fue planeado. Solo tomó un desvío, buscando un sitio tranquilo para almorzar, lejos del ruido habitual. Era un día caluroso, limpio, con ese tipo de sol que parece mirar directamente al corazón. El lago apareció de pronto, como una respuesta suave a una pregunta aún no formulada. Aparcó el coche y caminó hasta un muelle de madera que se internaba unos pasos en el agua. Se sentó. Estaba sola. Las libélulas revoloteaban a su alrededor con una ligereza casi mágica. No eran molestia; parecían mensajeras de algo sutil, como si custodiaran ese momento suspendido entre dos etapas de la vida. El agua estaba en calma, como ella, pero con hondura. En silencio, comió. El aire estaba lleno de vida, aunque por dentro, algo en ella aún caminaba descalzo por los restos de un mundo que había cambiado para siempre. Un año antes, su marido había muerto. Sus tres hijos ya vivían fuera, construyendo sus propios universos. La casa familiar estaba llena de memorias y ha...

ONCE DEL OCHO. LA CORDADA

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Once del ocho: la cordada.   Hay días que nacen como cualquier otro y acaban convirtiéndose en abrazos que duran toda una vida . La madruga de aquel once del ocho me desperté sin sospechar que estaba a punto de vivir una jornada que cambiaría el rumbo de mi vida para siempre. El destino me puso, sin previo aviso, frente a quien después sería vuestro padre. La historia de ese día en la montaña la habéis escuchado incontables veces en nuestras reuniones familiares. Y sabéis que las casi tres décadas que siguieron a aquel domingo estival han sido, sin duda, las más felices de mi vida. Caminar junto a él por tantos y tan diversos senderos me forjó como ser humano, me ayudó a crecer, a ser mejor persona y me transformó profundamente como mujer. Pero, sobre todo y sin ninguna duda, lo mejor de esta travesía habéis sido vosotros tres. En los primeros años de vuestra infancia me hicisteis sentir infinitamente admirada, necesitada, útil y, sobre todo, amada. Aquellas miradas vuestras lo dec...

REGRESAR, AVANZAR

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  Apenas quedan unas horas para volver a la vida laboral después de unas intensas y emocionantes vacaciones. Han sido siete semanas de pausa, de reencuentros, de movimiento, de presencia. He recorrido distintos rincones de la geografía española: Murcia, Alicante, Jaca, Castiello, Villanúa, Canfranc, Astún, Somport, la Costa del Cantábrico y la del Azahar. Algunos lugares, nuevos y llenos de luz. Otros, repletos de recuerdos, de emociones. He compartido comidas deliciosas y conversaciones inolvidables con personas que quiero y admiro. He caminado por montañas que acarician el cielo y he nadado largas distancias en aguas que parecían no tener fin. Me he dejado maravillar por paisajes que querían transmitirme algo solo comprensible desde la calma. He reído, he bailado, me he dejado contagiar por músicas de otros tiempos y otras tierras. He sido parte de ese bullicio alegre y caótico que define el verano en nuestro país. Pero también ha habido momentos de silencio. Momentos de nost...